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Van Dyck en el Museo del Prado

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Van Dyck en el Museo del Prado

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Van Dyck en el Museo del Prado

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Dyck, Anton van (Amberes, 1599-Londres, 1641). Pintor, dibujante y aguafuertista flamenco. Fue el séptimo hijo de Franchois van Dyck, un próspero comerciante de paños y sedas. El padre de Franchois había sido artista, y también lo eran algunos familiares de su madre, por lo que no tuvo nada de sorprendente que a los diez años el pequeño ­Anton entrase como aprendiz en el taller de Hendrick van Balen, uno de los principales pintores de la ciudad. Van Balen había pasado algunos años en Italia, como era entonces la costumbre de los jóvenes artistas flamencos, y a su vuelta se estableció como pintor de cuadros de altar y escenas clásicas y mitológicas con figuras de pequeño tamaño y un estilo muy italianizante. Mientras Van Dyck aprendía los rudimentos de la pintura en el taller de Van Balen, Pedro Pablo Rubens regresó de Italia y creó una sucesión de cuadros de altar deslumbrantes para las iglesias de Amberes. 

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Lo que Rubens traía consigo era todo un lenguaje visual nuevo, que por su ambición, su dramatismo y su colorido encajaba bien con la religiosidad contrarreformista de los Países Bajos españoles. No es extraño que el brillante discípulo de Van Balen pasara pronto al círculo de Rubens, en cuyo taller se le menciona por primera vez en 1618. En 1620 era ya su ayudante principal, pero antes de eso e, incluso, de ingresar como maestro en el Gremio en 1618, tuvo su propio taller independiente en Amberes. Pintaba cuadros religiosos -apostolados y escenas de la Biblia y de vidas de santos- y retratos. Ya en el equipo de Rubens trabajó en el ingente proyecto de decorar la iglesia de los jesuitas con nada menos que treinta y nueve techos, y en la serie de cartones para tapices sobre la historia del cónsul romano Decio Mus. En 1620 Van Dyck aceptó una invitación para desplazarse a Londres, donde trabajó para el rey Jacobo I y otros miembros de la corte, en especial para los dos coleccionistas y mecenas rivales, el duque de Buckingham y el conde de Arundel. Pero solo se quedó unos meses; en febrero de 1621 volvió a Amberes, donde permaneció hasta su marcha a Italia en el mes de octubre siguiente. En esa temporada en Amberes, que fue muy productiva, pintó los sobresalientes retratos de Frans Snyders y su esposa (Frick Collection, Nueva York) e Isabella Brant, la esposa de Rubens (National Gallery of Art, Washington). Su primer destino en Italia fue Génova, que seguiría siendo su base durante los seis años que pasó en la península. De Génova marchó a Roma, donde pasó la mayor parte de 1622 y 1623 y retrató, entre otros, alCardenal Bentivoglio (Palazzo Pitti, Florencia), aunque en el invierno de 1622 estuvo en Venecia. En aquellos años de viaje utilizó un cuaderno de dibujos que se conserva en el British Museum de Londres, y que contiene dibujos a pluma de las pinturas que estudió, la mayoría venecianas, y entre éstas, casi todas de Tiziano. De los años italianos data la devoción por Tiziano que fue constante en su carrera. En 1624 estuvo en Sicilia, probablemente invitado por el virrey Manuel Filiberto de Saboya, a quien retrató. Un brote de peste le obligó a dejar Palermo y volver a Génova, no sin antes recibir el encargo de un cuadro de altar para el Oratorio del Rosario anejo a la iglesia de Santo Domingo, que es, con mucho, la pintura religiosa más importante de su etapa italiana; la terminó en Génova en 1627, y al año siguiente se instaló en el Oratorio, donde aún permanece. En Génova Van Dyck se erigió en el principal retratista de la aristocracia local, una élite relativamente joven e inmensamente rica, a la que supo dar la dignidad y presencia que creía merecer. Van Dyck retrató a los próceres genoveses sobre el fondo de la vistosa arquitectura de sus palacios de la Strada Nuova, realzando el lujo de su indumentaria con colgaduras que se derraman en cascada y crean una sensación de movimiento dentro del espacio pictórico. En 1627 regresó a Amberes acompañado de una sólida reputación, y fue nombrado pintor de la archiduquesa Isabel, en cuya austera corte se vio muy solicitado como retratista.

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